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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Dos interesantes fusiones

En otro lugar hemos indicado algunas de las propiedades de las tecnologías de la información y de las comunicaciones: son invisibles, son invasivas, son inestables, son dinámicas, son interactivas, son distribuidas, son reutilizables y son multipropósito. Estas propiedades no suelen ser del agrado de nuestra cultura. Sin embargo, como gestores de documentos, es de la comprensión de las circunstancias de ocurrencia de las mismas de donde podemos obtener la mayor fuente de fortaleza para gestionar la información que, bajo tales condiciones, se produce. A este asunto dedicaremos sucesivos posts. En el presente, el primero de los mismos, sólo tratamos un aspecto que nos parece crucial.

Tales propiedades han dado lugar a dos interesantes fusiones que parecen sugerir que ya nos estamos desenvolviendo en un entorno por completo digital. En primer lugar, como afirma Luciano Floridi, el procesador y lo procesado se convierten en una sola cosa, no existen diferencias físicas entre ellos, de tal modo que toda interacción es por defecto digital.

En segundo lugar, la representación y lo representado se funden, desapareciendo por tanto los límites que podrían discriminar lo físico de lo digital, deviniendo lo “ficticio” tan real como la realidad de la que es ficción. El mejor ejemplo, que hemos reiterado en diferentes lugares, es la serie “La condición humana”, de René Magritte.

Somos de la opinión de que el archivero contemporáneo, para gestionar estas dos fusiones, debe considerar el documento-como-acción más que el documento-como-objeto, tal y como las más innovadoras líneas de pensamiento y de trabajo ya están haciendo. Esto significa que ya no podemos describir como se describía antes, porque nunca disponemos de objetos terminados sobre los que ejecutar la descripción; ya no podemos valorar como antes, porque nuestras decisiones de valoración pueden tener consecuencias sobre otros sistemas remotos; ya no podemos clasificar como antes, porque las funciones y las actividades se encuentran más y más repartidas; ya no podemos conservar como antes, porque aquello que tratamos de conservar siempre se está moviendo en el tiempo y en el espacio. Lo que es más importante, esta nueva manera de pensar y de trabajar no es en absoluto mala ni negativa, sino enriquecedora, una nueva manera de pensar y de trabajar adecuada a su tiempo.

Desde luego, dadas las circunstancias de producción, comunicación y conservación de información, en el actual estado de la cuestión de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, es legítimo plantear cuestiones del estilo de ¿cuáles son las condiciones en las que llevarán a cabo su trabajo los archiveros y los gestores de documentos de aquí a no mucho tiempo? ¿Tendremos algo siquiera parecido a documentos para gestionar y conservar? Si lo tuviéramos, ¿por qué tendríamos que gestionarlo y conservarlo? Somos de la opinión de que estas y otras preguntas tienen respuesta satisfactoria, y a proporcionar algunas de estas respuestas nos aplicaremos en los próximos posts de esta serie.

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