Blog

Páginas

martes 14 de junio de 2011

El futuro de las bibliotecas está en el e-book, y viceversa


En reciente artículo publicado en TeleRead, “BEA: Selling trade ebooks to libraries – the real deal” (http://www.teleread.com/library/bea-selling-trade-ebooks-to-libraries-the-real-deal/), Paul Biba expone las opiniones de algunos responsables de bibliotecas públicas en Estados Unidos acerca del fenómeno del libro electrónico. Los juicios de todos ellos son bastante homogéneos: tanto los recortes presupuestarios como las nuevas necesidades de sus usuarios han contribuido a incrementar el gasto en e-books, mientras que el de libros impresos tiende a decrecer.


Sin embargo, y aunque esta afirmación es en general cierta, conviene profundizar en las opiniones de los bibliotecarios consultados. Desde luego, el argumento de los recortes presupuestarios constituye una realidad innegable. En otros países se ha propuesto el cierre de las bibliotecas públicas. En Estados Unidos, con una sólida tradición bibliotecaria, esta solución no es en principio negociable, y la carencia de dinero debe contrarrestarse con otros medios. El e-book es uno de ellos, como también el propio Internet. Podría contra-argumentarse que la crisis financiera pasará y todo regresará “a su orden natural”. No obstante, por una parte, es muy poco probable que después de la actual crisis el escenario socio-económico-cultural vuelva a ser el mismo.


Por otra parte, entra en juego la segunda porción de la aserción con la que comenzábamos este post: el creciente gasto de las bibliotecas en libros electrónicos no es sólo consecuencia de los recortes presupuestarios, sino también de las nuevas necesidades de los usuarios. Tal y como indica Robin Nesbitt en el artículo de origen, al adentrarnos en el entorno digital, lo que queremos lo queremos ya, no entendemos por qué habríamos de esperar.

En este sentido, el modelo de Amazon y Apple se ha mostrado ineficaz. Como contrapartida, el anuncio de la primera corporación -históricamente visionaria en sus modelos de negocio, que la han llevado a convertirse en un gigante de la industria- de que a finales de año comenzará una nueva política de préstamo de libros electrónicos para bibliotecas supone un notable cambio de orientación que bien podría convertirse en indicador del camino que deberían emprender tanto los productores y distribuidores como los bibliotecarios.

También resulta indicativo el hecho de que casi todos los encuestados prefieren el modelo de Plataforma de Préstamo de Libros Electrónicos, muy cercano a la distribución a bibliotecas, al de, por ejemplo, HarperCollins, de orientación más tradicional. La sugerencia de Michael Colford, acerca de la posibilidad de definir un modelo de suscripción, parece abundar en la idea de que, más que vender directamente al usuario final, las editoriales deberían considerar a las bibliotecas como sus nuevos distribuidores. Desde el punto de vista económico, las tres partes resultarían beneficiadas.

La segunda necesidad que detectan los encuestados es la de mejorar las habilidades en tecnologías de, al menos, ciertos segmentos de usuarios. Por supuesto, los nativos digitales, que se desenvuelven entre tablets, MP3, 4, 5, eReaders, y todo tipo de dispositivos móviles cada vez más ligeros y con mayores prestaciones, la lectura de un libro electrónico no debería resultar traumática. Sin embargo, para quienes no han nacido digitales, sí podría resultarlo. No obstante, como en varias ocasiones hemos argumentado, parte del problema se debe al hecho de que quienes tenemos oportunidad de, o responsabilidad para, fomentar las habilidades tecnológicas de estos otros segmentos damos por sentado que es tiempo perdido. ¿Por qué no lo es el explicarle a un anciano el funcionamiento de un avisador de emergencias? ¿Se diferencia tanto de, por ejemplo, el mando de una Wii? Y con el mando de una Wii también se puede acceder a un e-book en un formato de pantalla lo suficientemente grande como para que resulte legible para personas que no pueden leer un libro impreso; se puede escuchar un texto si han perdido la visión, o se puede solicitar un préstamo a la biblioteca.


Con todas sus ventajas y con todos sus inconvenientes, la emergencia del libro electrónico y otras formas de distribución de la cultura está cambiando el escenario de la lectura pública. Del modo en que cada uno de los actores juegue sus cartas depende el que este escenario sea social e inclusivo, y en este sentido creemos que el papel de la biblioteca es determinante, o excluyente e inhibidor. Diríase que prácticamente todas las partes están comenzando a tener las ideas claras.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada