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lunes, 4 de abril de 2011

La información no se crea ni se destruye, sólo se recicla

Fotografía 11/52... CONCIENCIA ECOLÓGICA - REDUCIR REUTILIZAR RECICLAR.photo © 2009 Felice Candilio | more info (via: Wylio)
Tradicionalmente, la biblioteca ha sido uno de los espacios, no el único por supuesto (los archivos o los museos desempeñaban una función similar) en el que se conservaba para que otros pudieran hacer uso de ella información de un tipo u otro. De hecho, los procesos de conservación tenían tanto valor como los de acceso, aunque quizá no resultaban tan brillantes: la restauración de un libro deteriorado, la reclamación de un ítem cuyo período de préstamo había concluido, la definición de políticas de expurgo para dejar en la biblioteca sólo aquello que realmente resultaba útil…

Sin embargo, en sus últimos escritos el pensador de la información Luciano Floridi ha excluido de la infoesfera digital el proceso de conservación y lo ha sustituido por una función de reciclaje que viene a equivaler a un proceso auto-regulado, independiente pero no ajeno a los humanos, mediante el cual, y atendiendo a las conductas tanto de la información como de los numerosos agentes que la tratan de una u otra manera (los "inforgs", en la terminología del autor), los ítems de información no se conservan, sino que más bien se van transformando para seguir subsistiendo en la infoesfera digital, aunque no bajo la misma forma, sino en combinación con otros ítems, amputados de algunas de sus propiedades o enriquecidos con otras nuevas, ignorados, descollantes, etc. Es decir, en la infoesfera digital la información es un continuo, un magma, que se reactiva de diferentes maneras dependiendo de las necesidades y deseos de los inforgs que comparten un espacio de esa infoesfera. El autor no llega a establecer, sin embargo, dos radicalizaciones que creemos necesarias.

En primer lugar, si la información se recicla, entonces no se destruye, sino que se transforma, siquiera en la forma del olvido, hasta que un inforg o un conjunto de inforgs descubren una manera de reutilizarla. A esto se le ha llamado en ocasiones "Internet invisible", aunque, más allá, se trataría de los datos que permanecen perdidos en el ciberespacio, a la espera de su potencial recuperación. Después de todo, no es casual el hecho de que Barbara Reed afirmara en fecha tan temprana como 1999 que el gran negocio de los arqueólogos del futuro será descubrir e interpretar esos millones de datos que pululan por la infoesfera digital sin que hasta el momento ningún inforg haya encontrado utilidad para ellos.

En segundo lugar, si la información es un continuo en perpetuo reciclaje, entonces en realidad no estamos creando nueva información en la infoesfera digital, estamos re-combinando la información existente de diferentes maneras y de acuerdo con los diversos intereses de los inforgs, para generar conocimiento que tampoco es nuevo, sino útil bajo una nueva forma y en espaciotiempos distante. Esta idea no es original, y se resume en el muy antiguo adagio "nada hay nuevo bajo el sol".

Sea o no correcta la percepción de Luciano Floridi acerca del reciclaje de información, y sean o no correctos los corolarios que extraemos de ella, la cuestión, para la biblioteca, es: ¿cuál es su rol en un espacio auto-regulado, en el que ya no le queda ni siquiera el rol de mediadora, y superpoblado de inforgs, organismos humanos o no, pero con inteligencia e intereses a menudo divergentes? Quizá la respuesta es que la biblioteca está destinada a convertirse en otro de estos inforgs, entre muchos más, y a hacer valer en la infoesfera digital las necesidades y deseos de sus usuarios, reciclando información de manera acorde.

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